El primer impacto rajó la nave como si fuera un gigantesco abrelatas. Los hombres fueron arrojados al espacio, retorciéndose como una docena de peces fulgurantes...
"...¡Todo era tan raro! Espacio, miles de kilómetros de espacio, y voces vibrando en su centro. Ningún hombre al alcance de la vista, sólo las ondas de radio se agitaban tratando de emocionar a otros hombres..."
"...Y en esa orilla extrema de su vida, Hollis tenia una única pena, y solo por eso deseaba seguir viviendo. ¿Sentían lo mismo todos los agonizantes, como si no hubiesen vivido nunca? ¿Les parecía la vida algo que pasa y termina aun antes de poder tomar aliento? ¿Les parecía a todos la vida algo tan inverosímil y abrupto, o únicamente a el, aquí, en este momento, con solo unas horas por delante para pensar y deliberar?..."
-Se ha acabado, Lespere. Todo ha terminado. Como si nunca hubiese ocurrido nada, ¿no es cierto, Lespere?
-No.
-Cuando algo termina, es como si nunca hubiese ocurrido. ¿Es ahora tu vida mejor que la mía? Eso cuenta ahora. ¿Es mejor? ¿Lo es?
-¡Si, es mejor!
-¿Cómo?
-Me quedan mis pensamientos. ¡Recuerdo! -gritó Lespere, muy lejos, indignado, apretándose los recuerdos contra el pecho.
"...Y Lespere tenia razón. Hollis sintió que una agua helada le corría por la cara y el cuerpo, y comprendió que Lespere tenía razón. Los recuerdos no son como los sueños. Él, Hollis, soñaba con las cosas que había deseado; pero Lespere recordaba lo que había hecho, lo que había tenido. Y esa certeza desgarró a Hollis con una lenta y temblorosa precisión..."
-¿De qué te sirve eso? -gritó Holis-. Lo que se termina, ya no sirve. No estas mejor que yo.
-Descanso en paz -dijo Lespere-. He tenido mi oportunidad. Y ahora, que llega el fin, no me vuelvo malvado como tú.
-¿Malvado? -murmuró Hollis.
Nunca había sido malvado. Así lo creía, al menos.
Nunca se había atrevido. Era como si hubiese guardado toda la maldad para ese momento. <Malvado.>
Hollis repitió interiormente la palabra y sintió que las lágrimas le asomaban a los ojos y le corrían por la mejillas. Alguien debió de escuchar su respiración agitada.
-Cálmate, Hollis
Era ridículo, por supuesto. Un minuto antes había estado aconsejando a los otros, a Stimson. Había sentido un coraje que le había parecido genuino, y no había sido más que aturdimiento, y esa indiferencia que puede nacer del aturdimiento. Ahora intentaba introducir toda una vida de reprimidas emociones en un intervalo de minutos.
-Sé cómo te sientes, Hollis -dijo Lespere, ya a veinte mil kilómetros de distancia, con una vóz
muy débil-. No me siento ofendido.
Pero ¿no somos iguales?, pensó Hollis. ¿Lespere y yo? ¿Aquí, ahora? Lo que se termina ya no existe. ¿Y de qué sirve entonces? Uno muere, de un modo o otro. Pero era como tratar de explicar qué distingue a un hombre vivo de un cadaver. Hay una chispa en uno, un aura, un misterioso elemento... y nada en el otro.
Así ocurría con Lespere, y él, Hollis. Lespere había vivido plenamente, y esa vida lo transformaba ahora en un hombre distinto. Él, Hollis, estaba muerto desde hacía muchos años. Ambos habían llegado a la muerte por distintos caminos, y si había diferentes clases de muerte, la de ellos tenían que ser tan distintas como el dia y la noche. La cualidad de la muerte, como la de la vida, es de una infinita variedad, y si uno ya ha muerto una vez, ¿qué queda para encontrar cuando uno muere para siempre, como él, ahora?...
Extractos del relato "caleidoscopio"
-Ray Bradbury, 1951-
